Amalgama de temblores

Ahí estaba, engalanado de nubes, encumbrando la cima más alta del valle. Todos los habitantes sabían del milagroso poder de su savia. Lo sangraban las noches de interlunio y machacaban su corteza hasta conseguir una amalgama de texturas. Después embadurnaban el vientre de las doncellas dotándolas de una rebosante fertilidad.

Aquella noche, una estéril tormenta ahogó sus raíces. Las ramas se fueron tornando  sombra y su elixir fue agonizando entre los rescoldos, deshaciéndose como humo.

Treinta años pasaron secos de cándidos llantos. Pero hoy parece que comienza a sentirse un temblor de semillas queriendo abrirse paso entre la resquebrajada tierra.
 
 
Tronco-de-arbol

FOTOGRAFÍA: IGNACIO IGLESIAS

 

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