Cuestión de gustos

Y ahí estaba, encima del tejado con su gesto endurecido y su pétreo cuerpo. Yo lo contemplaba cada mañana, observaba su grotesco rostro, su retorcida figura y ese brillo en su piel al despuntar el alba. Ni siquiera sé en que momento llegó a nuestras vidas.

Me acostumbré a él a los dos meses. Ya no pregunto nada. Sé que los días son míos y las noches suyas. Mi mujer esta encantada, dice que esta gárgola no es tan mala, que le ayuda a evacuar las hojas de las canaletas y en la cama no es tan frío como aparenta.
 
 
Pergola

FOTOGRAFÍA: IGNACIO IGLESIAS

 

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