Siete dagas

Eran siete dagas las que se clavaban.
Una a una ahondaban en mi alma de amante herido.
Que sin querer querían atormentarme
y sin saberlo hacían sangrar los verbos
que agonizaban en mi cuerpo afligido.
Más queriendo lastimar mi torso desnudo de sentimientos,
derramaban palabras punzantes sin sentido,
vertiendo espuma emponzoñada en las heridas de mi esencia,
tatuando arpegios de delirio.

Las-7-dagas-de-Megiddo

 

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